Por la noche todos los gatos son pardos… y un sector de los erasmus españoles, ovejas de un rebaño. El redil cambia según el día, pero el borreguismo continua noche tras noche.
Florencia es una pequeña “gran ciudad” y por lo tanto la oferta de ocio nocturno es de lo más variada. Desde grandes discotecas en las afueras a pequeños bares en el centro, el abanico de posibilidades es muy amplio. Todo un mundo de garitos que descubrir, ya sean irlandeses con sus pintas de cerveza a 5 euros, locales selectos con cocktails de colores a 8 pavos o pubs de entrada de 2×10.
A pesar de tal diversidad, cierta parte del contingente universitario español consagra sus noches a una lamentable rutinización que supone salir cada día de la semana a un local en concreto. El esquema más repetido suele ser: miercoles-YAB, jueves-GLAMOUR y sábado-FULL UP. El viernes, por supuesto, no se sale (¿como se va a salir un viernes?¡que descabellado!), y se hace reunión en casa.
¿El porqué? Sencillo y deprimente. A esos sitios, esos días, es donde “van todos los españoles”, y donde puedes seguir escuchando reggaeton, Juanes y Shakira, no vaya a ser que eches en falta la buena música en castellano y descubras nuevos sonidos, así sin querer. Lo dicho, borreguismo en estado puro, o siendo más literarios “todos a una, Fuenteovejuna”.
No obstante, hay vida más allá, y nosotros, por ejemplo, hemos encontrado un bareto con 3 copas a 10 euros, ambiente agradable, con mesas y sillas para charlar (ya que la música lo permite) y sin pista de baile. También hemos catado irlandeses varios, garitos repletos de americanos/as borrachos/as (donde les aceptan dolares y claro, con el cambio a favor el pedo sale mucho más barato) y pequeñas discos llenas de italianos mirones y sobones.
En cuanto al tema del bebercio, la cosa se pone un poco peliaguda más allá de los precios normalmente disparatados del alcohol. Tres hechos concretos llaman la atención y dificultan la tarea de beber con calidad (que la cantidad ya depende de uno mismo).
1. No existen los hielos (ni en los supermercados, ni en los chinos, ni en las gasolineras)
2. No hay vasos de tubo de plastico (con lo que el botellón, a pesar de estar permitido, se complica bastante)
3. En los bares sirven cocktails (que aquí son muy finos) y si quieres el típico cubata normal te tienes que tragar una infumable cocacola sin gas de máquina o un sprite, casi peor, que usan a modo de limón… y en ¡vaso de agua!
Por su parte, el horario, como durante el resto del día, tiene un retraso de unas dos horas respecto a lo que acostumbramos en España. Es decir, que a las 2 cierran los bares más pequeños y a las 4 las discotecas, con lo que no puedes salir de marcha después de medianoche porque estas jodido (hablando mal y pronto). La única ventaja de esto es que a la fuerza llegas antes a casa y aunque duermas tus ocho horitas reglamentarias no pierdes toda la mañana en la cama (con o sin resaca).
Sin embargo, y ante tanta traba, dónde se ponga un botellín de cervecita fría en las escaleras de alguna estupenda plaza fiorentina al atardecer o una fiestecita en casa con amigos, que se quiten todos los garitos de Florencia, de Italia y de parte del extranjero…