Erasmus interrailero Lunes, Abr 27 2009 

Panel de trenes

Viajar por el país de acogida es algo obligatorio para cualquier estudiante eramus que se precie. El hecho de vivir cinco meses o un año en el extranjero te da la oportunidad de conocer a fondo rincones de la geografía (italiana en nuestro caso) que no suelen estar en el itinerario habitual del típico turista.

Una de las formas más económicas y divertidas (en teoria) es el tren, más si cabe en su modalidad Inter-Rail. Hace un par de años cambiaron el formato y ahora existen pases “por paises y días” muy majos. Por 90€ puedes viajar ilimtadamente por Italia cuatro días a elegir en un mes (o periodo de 30 días). De esta forma, te sale el día de viaje tirado de precio si lo sabes aprovechar. Nosotros nos hicimos con uno de estos para ir y volver de nuestro viaje al Sur, ya que los regionales Firenze-Napoli (y viceversa) cuestan una media de 35-40€.

La forma de uso de este Inter-Rail es sencilla. Tienes un billete con cuatro recuadros que debes rellenar con la fecha del día que quieres viajar y donde el revisor tiene que picarte para darle validez. Al bajar a Nápoles todo funcionó según lo previsto, pero en la caótica vuelta desde Salerno en aquel fatídico tren nocturno, no pasó ni Perry a cancelarnos el billete. Así pues, teníamos un casilla rellena con la fecha de 16/04 que no había sido validada. Siempre hay un lado positivo.

Como si de la cartilla de notas se tratase, sólo teníamos que “tunear” (que no falsificar) un poco el billete para que el número 16 pasase a ser un 18 o un 26. Al final optamos por el 18, y el sábado pasado nos dimos una vuelecita de gratis por la Toscana para ver San Gimignano y Siena, volviendo a casita para la hora de la cena.

Todavía nos quedan dos “huecos” más que rellenar para viajar a todo tren por Italia, que probablemente usemos este próximo finde de puente para conocer el Norte (Milán-Verona-Venecia) o para hacer nuevas excursiones de ida y vuelta en el mismo día por las ciudades más cercanas (Bolonia, Perugia o Génova). Ya os contaremos.

Además, lo bueno de moverse en Ferocarrile dello Stato o Trenitalia (que es la Renfe de aquí) es que, a diferencia de España, cada estación tiene información detallada de los horarios de llegadas y salidas de todos los trenes que circulan a diario por el pais, con sus itinerarios y paradas incluidas. De esta forma es facilísimo planificar un viaje sobre la marcha con solo mirar los tablones de partenza/arrivi.

Y es que como dice la canción popular, “viajar en tren es fenomenal” (que, por cierto, en italiano no se dice viajar en trenini es fenomenalini, a pesar de lo que muchos puedan pensar).

Tren

Estudiar… ZZZZZZ Martes, Mar 31 2009 

Estudiar

El erasmus es mucho más duro de lo que parece y entre visita y visita hay que sacar tiempo para estudiar. De momento llevamos desde el domingo por la tarde sin salir de casa preparando el examen de “Il Racconto Sociale Cinematografico” que tenemos este mismo jueves.  Leerse un libro sobre cine en italiano no es facil, pero por lo menos resulta interesante (a veces). Mañana además toca ir a dos clases, a las 10.00 y a las 16.00. Que vida más perra…

El arte de tomar prestado Martes, Mar 10 2009 

Bicis

Como ya anunciamos en la última entrada, buscar por las calles objetos de poco valor se ha convertido en una de nuestras actividades favoritas. Nada del Síndrome de Diógenes ni nada parecido. Sólamente se queda en casa lo verdaderamente útil (depués de hacernos las fotos de rigor). Y nuestra última adquisición tiene gran valor, como podéis comprobar. Dos estupendásticas y riconudas bicis!!

Ahora toca aclarar todo el tema acerca de cómo las hemos conseguido. No las hemos robado. Repetimos, no las hemos robado… sólo las hemos tomado prestadas. El domingo salimos a pasear por nuestro barrio, que no es muy céntrico, y aunque nuestras intenciones eran de lo más inocentes, no pudimos remediarlo. Fijándonos en las bicis aparcadas vimos una sin atar y lo suficientemente vieja como para interpretar que no había sido utilizada en algún tiempo. Si la hubiéramos dejado ahí probablemente en media hora otro listo se la habría agenciado, así que pensamos que, como los de Media Markt, “Yo no soy tonto”.

Ya teníamos una (la morada…siiii…morada…NO rosa), pero nos faltaba una compañera. Casualmente esa mañana estuvimos a punto de llamar al señor que las roba por tí y te las vende a 25€, pero pensamos que no estaba bien que un ladronzuelo de tres al cuarto hiciera negocio a nuestra costa. Así que como el domingo las calles fiorentinas están bastante vacías, planificamos una salida en busca de otro ejemplar.

Sin embargo, cuando las intenciones son malignas no se encuentra recompensa. Después de una hora callejeando volvimos a casa sin botín. (Nuestra bici MORADA se sentía sola). Pero AHHH amigos, cuando uno menos se lo espera la suerte aparece, y camino del autobús nos topamos con la otra mitad de la pareja de bicis tan estupendas que abren este post. Claro está, llegamos tarde a nuestra cita con los amigos, que disimular, cogerla, probarla, llevarla a casa… lleva su tiempo!

Casualmente, la nueva bici era azul, con lo que la customización (nada de tunning, que eso es de macarras) pedía a gritos esos dos pequeños muñequitos de WC que tan graciosos nos han quedado. ¿A que molan?.

Ahora sólo nos queda comprar unos buenos candados para impedir que otros erasmus necesitados nos dejen sin ellas. Eso sí, queremos dejar claro que el “préstamo” de estas bicis es sólo por 4 meses y ha respondido a un patrón muy claro: bicis viejas, sin sillita de niño, y por supuesto, sin atar (que eso de partir candados con cizallas es de manguis). Cuando nuestra estancia aquí llegue a su fin, las bicis volverán a sus lugares de origen.

El punto limpio Domingo, Mar 8 2009 

cosas

Desconocemos si en Florencia existen los puntos limpios, pero de momento no hemos visto ninguno. De esta manera, ya sea por la ausencia de lugares para el reciclaje de grandes objetos, o por la por la pereza que da ir hasta ellos, los fiorentinos usan los alrededores de los contenedores de basura como deposito de todo aquello que les sobra en sus casas (por otra parte, un gesto muy común también en España).

Como muy sabiamente nos aconsejo una rubia despampanante de ojos azules (creo que se llama Almudena), siempre que vemos algún “trasto inservible” por la calle le echamos un ojo no vaya a ser que no sea tan inservible como parece. Así, poco a poco nos hemos ido agenciando varios objetos a los que alguién decidió no darles el valor que se merecían. En la foto se pueden apreciar nuestro botín callejero a la perfección: dos sillas de playa, una tabla de planchar y una lampara (de las de intensidad de luz regulable).

A simple vista todos los productos parecen estupendos, pero al fin y al cabo no es oro todo lo que reluce. Las sillas estan sucias y no parece muy recomendable sentarse en ellas; la lampara no funciona (a pesar de que los filamentos de la bombilla estan intactos) y no creo que consigamos arreglarla sin ni siquiera un mísero destornillador; y la plancha no se tiene del todo bien en pie y está más quemada que el edificio Windsor…

¿La conclusión? Solo la tabla de planchar puede llegar a darnos juego si compramos una funda y el apaño que nos hemos inventado para que no cedan las patas funciona. Las sillas ya las hemos devuelto a su lugar de origen y lámpara de momento la conservaremos como elemento decorativo.

De momento, seguimos esperando el golpe de suerte que nos traiga un microondas para hacer palomitas y descongelar la carne más rápidamente… Aunque no os penseis que subimos culaquier cosa a nuestro amplio y vacio apartamento, donde  el carrito de la compra del Coop ya es un mueble más. No. Hoy hemos visto un video VHS (aparentemente en perfecto estado), que nos hemos abstenido de añadir a nuestra colección-vertedero ante el uso nulo que le ibamos a dar.

P.d. Hay que mencionar que no todas las cosas que recogemos de la calle son productos desechados. También robamos algunos, como nuestro lustroso felpudo y un par de sorpresas que reservamos para el próximo post (aunque avanzamos que son las joyas de nuestra humilde corona callejera).

Hoy comemos: pizza al taglio Viernes, Mar 6 2009 

taglio

El remedio perfecto para comer por poco dinero en Firenze es la “pizza al taglio”. Por 2 euros (o menos, dependiendo de la hora y lo lejos del centro que esté el local) puedes disfrutar de una porción de pizza generosa y por lo general deliciosa.

Las pizzerias al taglio (al corte) suelen ser, por norma, locales tirando a cutres. Un par de mesas altas con taburetes, una nevera de cocacola (¡¡con latas de 50cl!!) y un pequeño mostrador al fondo son todo lo que uno se puede esperar encontrar en ellas. Aunque por las calles del centro las hay más sofisticadas y elegantes (y por lo tanto mucho más caras), las de verdad de la buena son las humildes y cochambrosas (tampoco es que estén sucias, no os penseis, pero cutres son un rato).

La que más frecuentamos nosotros está regentada por unos chinos muy amables, que también venden pasta para llevar, y que solo te dan la vuelta en billetes de 5 euros y monedas de 50 centimos… Además, son muy honrados: siempre te dan el pedazo más grande que tengan en ese momento y a partir de las cinco de la tarde rebajan el precio de las porciones porque son las que han sobrado de la comida y te las tienen que calentar de nuevo.

La variedad de sabores no es el fuerte de los establecimientos de pizza al taglio. Margarita, 4 quesos, jamón, salami y salchichas son las estrellas de un mercado que no abarca muchos más gustos. Sin embargo, las pocas opciones son selectas y están bueniiiiiisimas. Siempre calientes y con algo de aceite por encima, son el pedido perfecto para llevar y degustar en una de las multiples plazas fiorentinas, como la Piazza della Anunzziata, una de nuestras preferidas.

Dentro del mundo de la pizza en porciones, también existe la opción de la “pizza al peso”, que se vende en las panaderias/panificios/pasticerias (distintos nombres para la misma cosa al fin y al cabo). Aquí las opciones se reducen drásticamente a la pizza margarita, la de jamón (no siempre), pero sobre todo a la “pizza bianca”, que no es otra cosa que la masa con aceite y sal (así de simple). Aquí la toman mucho entre horas, en el recreo del cole y también como sustituto del pan en las comidas. La verdad es que está buenísima, y aunque no da para comer, por 60 o 70 céntimos la pieza, siempre ayuda a matar el gusanillo.

Viajar por Florencia es gratis si sabes cómo Miércoles, Feb 18 2009 

El 14

Este autobús tan majo es el 14, o lo que es lo mismo, nuestra conexión directa con el centro de la ciudad. Ahí donde le veis atraviesa hasta la mismísima Pizza del Doumo. No hay obstáculo ni monumento que lo detenga, eso sí, se come unos atascos bien ricos en la Via San Egidio (una calle pequeñita por la que casi no entran ni dos bicis paralelas, pero que soporta gran parte del tráfico de Florencia… así son estos italianos).

Pues eso, que moverse por la ciudad no cuesta ni un duro si se siguen dos nomas básicas:

1.- No pagar nunca, repito, nunca, en el autobús. Aquí el conductor se dedica a llevar el bus y le importa tres pimientos que piques o no. A ellos les basta con que entres por la puerta delantera o trasera, y que salgas por la central. Un sistema, que todo sea dicho de paso, resulta la mar de efectivo. De vez en cuando se oye algún “Clinc!” de algún insensato que decide colaborar con la causa (véase monjitas, cabezas de familia o abuelillos que siempre son honrados…jóvenes ni uno). Y mira que a veces dan ganas de contribuir con el servicio, que por otra parte es cojonudo: una frecuencia que ni el metro, mogollón de líneas, velocidad más que aceptable, higiene… Eso sí, a la hora de salir de clase, el 57 va un poco hasta la bola, pero es que nadie dijo que meter a media universidad en un mismo bus fuera fácil. Nuestra guía de la ciudad, ingenua ella, dice que los niños de menos de 1 metro no pagan, y que la altura la delimita el cacharrito donde se pica (vaya tela, esperamos que el resto de informaciones sean un poco más veraces).

2.- Robar una bici. Sí, sí, tal cual. Esta norma, muy generalizada por lo visto, requiere una moral un tanto distraída, pero ya se sabe que los italianos son muy suyos. Tienes dos opciones para esto: robarla tú mismo (cizalla en mano, con nocturnidad y alevosía…o con buen ojo para ver cuál no está convenientemente atada entre un mar de candados y hierros oxidados), o pagar a un “señor” para que lo haga por tí. No sabemos si vivirá de ello, pero la verdad es que con los erasmus se debe sacar un sobresueldo, porque su telefóno es de los primeros que nos han dado  (déjate de números de emergencia, hospitales…). De momento no hemos movido pieza a este respecto, pero las próximas horas pueden ser claves. A unas malas ( y por si nuestra conciencia no nos lo permite), también existen anuncios de compra-venta por unos 30 euros/bici.

Así de fácil amig@s. No hace falta metro para moverse con libertad en Firenze.