Milano Domingo, jun 21 2009 

Duomo de Milán

Cría fama y echate a dormir. Este refrán resume a la perfección lo que uno siente al visitar Milán. La capital de la moda, la ciudad más “europea” de toda Italia, la (en teoría) Barcelona italiana, es como un papel de regalo muy bonito pero sin nada dentro. Vamos, pura fachada y poca chicha.

En Milán todos son bastante chic. La mitad de la población viste traje con corbata y las tiendas de las mejores marcas deslumbran en las calles principales. De hecho, toda la ciudad (y sobre todo el centro) le recuerda a uno al Barrio de Salamanca. Y es que ese parece ser el principal atractivo de una ciudad, bastante intrascendente en casi todos los demás aspectos.

Obviamente tiene sus encantos, como el colosal Duomo de estilo gótico (tercera iglesia más grande del mundo trás el Vaticano y St. Paul de Londrés) o las selectas Galerias de Vittorio Enmanuel II (solo una ciudad tan pija como Milán podía tener como símbolo y lugar más original/representativo a un “centro comercial”).  Ambas construcciones están en la misma plaza a escasos 20 metros entre sí, hecho que facilita y reduce el tiempo de visita a la ciudad. Nosotros estuvimos cinco horas y nos sobraron, por lo menos, tres.

Al otro lado de las Galerías se encuentra el que es el tercer lugar más conocido/visitado de la ciudad (aprovechándose del tirón de la cercanía los dos grandes monumentos milaneses): el Teatro della Scala… o lo que es lo mismo, el mayor engaño de la historia de la humanidad. Y es que el auditorio de ópera más grande y prestigioso del mundo tiene una fachada y un aspecto exterior más propio de una “casa de la cultura” de cualquier pueblo de más de 10.000 habitantes.

Por lo demás, también destacan, aunque siempre a un nivel inferior: el castillo Sforzesco (muy majo), la basílica de San Ambrosio (del s.IV), la pinacoteca de Brera, la estación central de tren (“joya” de la arquitectura fascista) o la iglesia de Santa Maria alle Grazie, donde se encuentra La Última Cena de Da Vinci, que puede ser visitada por el módico precio de 8 euros y siempre con reserva previa (y luego nos quejamos del cine).

En resumidas cuentas, Milán ofrece una imagen engañosa al mundo y más que gran capital de la modernidad y el multiculturalismo europeo, aparece como simple ciudad de paso en un viaje por el Norte de Italia. Una parada en la recomendamos no hacer noche, ya que se trata (probablemente) de la ciudad más cara de todo el país (y mira que Florencia nos tiene acostumbrados a un nivel muy alto). Además, sin los Beckham en el papel couchè, ni Kaka e Ibrahimovic en los albumes de cromos, ha perdido todavía más atractivo si cabe…

Galerías ByN

Viajar, viajar, viajar Miércoles, jun 17 2009 

Norte de Italia

Andamos metidos en nuestro segundo interrail italiano así que no paramos mucho por casa. Esta semana hemos estado en la playita, en la costa toscana o costa de los etruscos. Mañana toca viaje relámpago a Milan y en algún momento habrá que ir a Venezia, Verona, Padova, Bergamo, Turin, Génova…

Mucho que ver y mucho sobre lo que escribir en el blog,  más aun si tenemos en cuenta que todavía nos falta contar nuestra escapada a Parma, Modena y Bolonia de hace ya casi un mes…

Buon Viaggio!

Viareggio y Lucca Lunes, may 4 2009 

Viareggio

Desde que el hombre es hombre existe una duda trascendental y casi filosófica: “¿Playa o montaña?”. Pues en la Toscana tenemos de todo y en Viareggio desde el mar se ve la nieve. Casi nada.

Al más puro estilo Marco, este puerto al pie de las montañas es la playa más cercana a Florencia (1h30min en tren) y por lo tanto era merecedor de una excursión de esas que tanto nos gustan (y que tan baratas nos salen desde que los revisores no nos pican el billete de Interrail). También famosa por sus carnavales, Viareggio lleva décadas siendo destino de miles de italianos cuando aprietan los calores. Su paseo marítimo huele a verano y sus decenas de “bagni” hablan de una época, no tan lejana, en la que el turismo de costa no era tan popular.

Se tratan de establecimientos o clubs privados a pie de playa, con restaurante, piscinas, sauna, zona de ocio y, ante todo, largas filas de sombrillas y hamacas  en la arena. Vamos, que solo faltan casetas de rayas de colores y señores con trajes de baño de cuerpo entero (también a rayas) para sentirse en plenos años 50. Además, la arquitectura de los edificios y las numerosas ¡¡¡tiendas de discos!!! a lo largo del paseo marítimo ayudan bastante a rememorar días pasados.

Lucca

Dos paradas de tren antes, a sólo 20 minutos, pero a unos cuantos siglos de distancia se encuentra una de las más notables joyas de la corona toscana: Lucca.

Protegida, amurallada, aislada como en una esfera de cristal de esas que se agitan “para ver nevar”, Lucca es una parada obligatoria en cualquier itinerario que pase cerca de Firenze. Cuatro horas, apenas una tarde, bastan para recorrer sus calles y experimentar la sensación de entrar en otro mundo al cruzar las puertas de sus murallas.

Plazas sencillas, casas antiguas, calles estrechas, iglesias y torres. No parece mucho a simple vista, pero resulta fascinante pasear y perderse por esta pequeña ciudad, donde destacan tres lugares de lo más pintorescos.

En primer lugar, la torre de Guinigi con sus árboles en lo más alto (desde dode está tomada la foto); en segundo, la plaza del anfiteatro, conjunto circular de casas que forman una curiosas “plaza de toros”; y por último, el paseo sobre la muralla (perfectamente conservada), que nos hizo arrepentirnos de no haber alquilado un tandem para dar una vuelta completa a la ciudad por el pasillo de miles de árboles que esconden a Lucca del exterior.

Lucca muralla

San Gimignano (Poggibonsi) y Siena Miércoles, abr 29 2009 

San Gimignano

Viviendo en Florencia, capital y centro geográfico de la Toscana, resulta obligatorio hacer pequeñas escapadas por la que probablemente sea la región más bella de toda Italia. Al sur, a una hora de viaje, se encuentra Siena, que junto a Firenze y Pisa forma el triángulo turístico toscano o “TTT” (expresión que no existe, pero que queda muy bien).

Sin embargo, y como dirían Gabinete Caligari si fueran italianos, “camino Siena” existe un lugar absolutamente espectacular. De nombre San Gimignano, se trata de un pequeño pueblo amurallado en la cima de una colina salpicada de cipreses. Aunque su emplazamiento es maravilloso, lo que verdaderamente lo convierte en un lugar único son sus torres. Quince nada más y nada menos, de diferentes formas y tamaños, pero todas de piedra, como esculpidas de la propia montaña (en la foto se aprecian las ocho más altas).

Cuenta la historia que las familias medievales más poderosas competían entre sí a base de levantar torres. Y claro está, a mayor altura, mayor era el poder y la riqueza del apellido al que representaban. Esto ocurría por toda Italia, no solo en San Gimignano, pero el tiempo, la naturaleza, la guerra y el pillaje hicieron de las suyas en todas partes (Bolonia, Florencia…) excepto aquí. Quizás el hecho de estar en medio de la nada haya influido en la buena conservación de la ciudad antigua, ya que desde el siglo XIV hasta el XIX  fue poco más que una simple parada de peregrinos en dirección al Vaticano.

De esto se puede intuir que no es precisamente un lugar bien comunicado y que el tren no te deja a la puerta de las murallas. Que va. La estación más cercana es la de Poggibonsi, un pueblecillo más moderno y habitado, a unos 20 minutos en bus por una carreterita únicamente construida para unir estos dos lugares. Eso sí, los andenes de tren de Poggibonsi S.G. (que así se llama la estación) son una delicia. Como si no hubiera pasado el tiempo por ellos, todavía conservan elementos del mundo del ferrocarril antiguo (como en “El milagro de P.Tinto”) y además cuentan con un inquilino de lo más particular.

Poggibonsi

Desde allí, apenas hay 25 minutos de tren regional hasta la estación de Siena, que para ser la única de una ciudad tan turística está bien lejos del centro. Y es que, como en tantos otros asentamientos medievales, el casco antiguo se levanta sobre una colina. Algo muy util a efectos defensivos, pero poco práctico para las comunicaciones modernas.

La primera impresión que uno tiene de Siena es que está a mitad de camino entre un pueblecito medieval y una gran ciudad renacentista. Es decir, que se da un aire a San Gimignano en ciertos aspectos (callejuelas, edificios de piedra, castillos…) y a Florencia en otros (Duomo, grandes plazas, palazzos…). Quizás por esta carencia de personalidad propia el visitante se queda un poco descolocado: demasiado grande para ser un pequeño rincón medieval en mitad de la toscana, y demasiado pequeña para ser un referente cultural y social de la Italia renacentista.

No decepciona, pero desde luego, habiendo visto antes los otros dos lugares, parece como si supiese a poco. Quizás la mejor manera de abordar Siena es llegando desde Roma, como primer destino en la Toscana. Así lo vi yo (Alberto) en mi viaje de fin de curso y la verdad es que me dejó impactado. Eso sí, se haya visto lo que se haya visto antes, y por muchas veces que se visite, la Piazza del Campo y su Campanile son impresionantes.

Siena

Erasmus interrailero Lunes, abr 27 2009 

Panel de trenes

Viajar por el país de acogida es algo obligatorio para cualquier estudiante eramus que se precie. El hecho de vivir cinco meses o un año en el extranjero te da la oportunidad de conocer a fondo rincones de la geografía (italiana en nuestro caso) que no suelen estar en el itinerario habitual del típico turista.

Una de las formas más económicas y divertidas (en teoria) es el tren, más si cabe en su modalidad Inter-Rail. Hace un par de años cambiaron el formato y ahora existen pases “por paises y días” muy majos. Por 90€ puedes viajar ilimtadamente por Italia cuatro días a elegir en un mes (o periodo de 30 días). De esta forma, te sale el día de viaje tirado de precio si lo sabes aprovechar. Nosotros nos hicimos con uno de estos para ir y volver de nuestro viaje al Sur, ya que los regionales Firenze-Napoli (y viceversa) cuestan una media de 35-40€.

La forma de uso de este Inter-Rail es sencilla. Tienes un billete con cuatro recuadros que debes rellenar con la fecha del día que quieres viajar y donde el revisor tiene que picarte para darle validez. Al bajar a Nápoles todo funcionó según lo previsto, pero en la caótica vuelta desde Salerno en aquel fatídico tren nocturno, no pasó ni Perry a cancelarnos el billete. Así pues, teníamos un casilla rellena con la fecha de 16/04 que no había sido validada. Siempre hay un lado positivo.

Como si de la cartilla de notas se tratase, sólo teníamos que “tunear” (que no falsificar) un poco el billete para que el número 16 pasase a ser un 18 o un 26. Al final optamos por el 18, y el sábado pasado nos dimos una vuelecita de gratis por la Toscana para ver San Gimignano y Siena, volviendo a casita para la hora de la cena.

Todavía nos quedan dos “huecos” más que rellenar para viajar a todo tren por Italia, que probablemente usemos este próximo finde de puente para conocer el Norte (Milán-Verona-Venecia) o para hacer nuevas excursiones de ida y vuelta en el mismo día por las ciudades más cercanas (Bolonia, Perugia o Génova). Ya os contaremos.

Además, lo bueno de moverse en Ferocarrile dello Stato o Trenitalia (que es la Renfe de aquí) es que, a diferencia de España, cada estación tiene información detallada de los horarios de llegadas y salidas de todos los trenes que circulan a diario por el pais, con sus itinerarios y paradas incluidas. De esta forma es facilísimo planificar un viaje sobre la marcha con solo mirar los tablones de partenza/arrivi.

Y es que como dice la canción popular, “viajar en tren es fenomenal” (que, por cierto, en italiano no se dice viajar en trenini es fenomenalini, a pesar de lo que muchos puedan pensar).

Tren

Capri, Sorrento y la costa amalfitana Miércoles, abr 22 2009 

Fotogaleria viaje al sur

El Golfo de Nápoles (como todos los golfos al fin y al cabo) está delimitado por dos cabos, siendo el del sur tan grande que se conoce como “península sorrentina”. La zona es una maravilla, llena de acantilados y pequeños pueblos pesqueros (hoy convertidos en destinos vacacionales de postín) como Sorrento, Positano, Ravello o Amalfi. Por su parte, la isla de Capri se alza al final de la península como la guinda de todo este pastel.

Para recorrerse todo sin perder detalle y de una forma económica, la mejor opción es montar el campamento base en Sorrento, una ciudad costera del estilo de Alicante o Santander, con el puerto más grande de los alrededores y más o menos bien comunicada por tren y carreteras (dentro de lo posible). Como curiosidad cabe destacar que la ciudad es famosa por su limones, tan grandes como melones y usados para hacer el limoncelo. También tiene una heladería de un señor que se dedica a batir record guiness tipo “el cono de helado más grande del mundo”. Todo un tirón mediático para cualquier población…

Después de pasar la noche en un hostal digno (que se podía reservar por Internet sin ser estafado y donde el recepcionista no daba miedo), salimos corriendo, literalmente, hacia Capri. Hubo que madrugar, pero pasar todo el día en un sitio tan chulo mereció el esfuerzo y los 20€ de ferry. Así pues, a las 9.45 ya estabamos en la isla con un sol radiante y un cielo despejado como pocas veces se han visto. La suerte nos sonreía después de todo.

Capri se divide basicamente en tres zonas: la Marina Grande (que es donde te deja el ferry) al nivel del mar, el pueblo de Capri (con rollito cool/snob) en la montaña, y el pueblo de Anacapri (más terrenal y casero) también en la colina, pero al otro lado de una roca enorme que divide la isla en dos mitades infranqueables como para estar viviendo allí toda la vida y no conocer a los de la otra parte. Sin embargo, el servicio de transporte (autobus/funicular/telesilla) te permite verla entera en un día y disfrutar de esta perla mediterranea de ladereras verdes, fachadas blancas y aguas azules cristalinas. Un lujo.

Eso sí, para bolsillos agujereados como los nuestros es recomendable no quedarse a dormir en la isla,  comer en establecimientos sin cubiertos ni mantel y dejarse llevar lo menos posible por los puestos y tiendas de ropa. Resulta mucho mejor (y es gratis) emplear el tiempo en otras actividades como patearse las callejas empinadas, sentarse en las rocas de la playa a charlar o darse un bañito si el clima lo permite (y sino también).

Ya por la noche, de vuelta en Sorrento, disfrutamos de una cena espectacular con la gastronomía típica de la zona. Cualquier pasta, pizza, arroz, carne o ensalada a la sorrentina (salsa de tomate, cebolla, albahaca), a la caprese (tomate natural, queso y nata) o al limón está para chuparse los dedos.

Al día siguiente tocaba la parte sur de la península, conocida como la “costa amalfitana”, y para poder disfrutarla como se merece nos permitimos el lujo de alquilar un coche. La experiencia fue insuperable, conduciendo un Peugeot 107 por las estrechas carreteras costeras a lo largo de los acantilados ,con una de las mejores vista que probablemente existan en toda Italia. Al principio daba un poco de miedo, porque aquí conducen como locos y no respetan nada, pero con paciencia y buena letra llegamos a nuestro primer destino: Positano.

Personalmente, nosotros no teníamos referencia alguna de este pueblo, que es una autentica joya “tapada” del Mediterraneo. En mitad de dos acantilados (que más bien parecían fiordos noruegos) Positano desciende hasta la playa por ¡¡escaleras!!. No hay más calle que la carretera que atraviesa el pueblo, así que en vez de vecinos de al lado, los tienen de arriba y de abajo. Una pasada. Desde donde aparcamos el coche hasta la orilla pudieron haber como 1500 escalones (sin exagerar), que fueron muy divertidos de bajar, pero no tanto de subir. Además, la cima de los acantilados estaba cubierta por una especie de niebla, que daba la sensación de estar en un lugar de fantasía detrás de una nube, como si no se pudiera ver desde el otro lado (rollo mundo mágico de Harry Potter).

Después de eso también visitamos Amalfi, que al dar nombre a la costa suponíamos que iba a ser también muy espectacular, pero después de la experiencia de Positano, dejó un poco que desear (las comparaciones siempre son odiosas). Ya de noche cogimos un bus a Salerno, ya una ciudad en condiciones desde donde coger un tren nocturno de vuelta a Florencia y así ahorrarnos una noche de hotel. ¡Que ilusos! La noche en una habitación nos la ahorramos, sí, pero no pudimos dormir apenas en seis horas de viaje ya que el tren iba a reventar y tuvimos que sentarnos en el suelo entre la puerta del baño y la que hay de vagón a vagón. Un horror.

Y hasta aquí nuestro viajecito de cinco días por el Sur de Italia. Arrivederci amici!

Bañito en Capri

Pompeya e Ischia Domingo, abr 19 2009 

Vesubio

Amanecía el domingo de Resurreción en Nápoles y, un poco moscas por todo lo sucedido, queriamos marchar hacia Pompeya lo antes posible. Para ello teníamos que cruzar el centro de la ciudad desde la casa de Mauro, en el quartier español (barrio al que las guías no recomiendan entrar sin acompañante), hasta la Estación Garibaldi (otra zona de robos y malechores). Un panorama de lo más alentador.

Sin embargo, Napoli es un lugar que nunca deja de sorprenderte y cuando estabamos en la piazza del Plebiscito haciendo fotos (de lo más destacable de la ciudad y único sitio donde nos atrevimos a sacar la cámara buena) un Fiat Punto nos empezó a pitar. Era un joven lugareño que nos habiamos encontrado 10 minutos antes en un bar desayunando con su novia (española) y su suegra. Ellos también iban a Pompeya y se ofrecieron a llevarnos en coche, así que de perdidos al rio.

La experiencia resultó de lo más enriquecedora. Ver como conducen en esta ciudad no es lo mismo que vivirlo desde dentro de un coche. ¿Normas de circulación?¿Seguridad vial? En Nápoles son conceptos opcionales que no es necesario conocer para sacrse el carnet de conducir. Allí lo que vale es la ley del más fuerte, o en su defecto, del más loco y con menos aprecio por su vida.

Así, en menos de media hora ya estabamos en Pompeya, listos para recorrerla de arriba a abajo junto a nuestros nuevos compañeros Pepe (de Giuseppe), Mirian y MªÁngeles. La verdad es que la excursión da para un día entero, ya que puedes estar todo el tiempo que quieras paseando por las ruinas (por sólo 5,50€ ), que cubren una extensión enorme y eso que no estan excavadas del todo. Teatros, anfiteatro, templos, basílicas, casas, termas, arcos y hasta un lupanar se conservan en un estado más que aceptable y que permite hacerse una idea muy aproximada de como era una ciudad romana.

Las calles, con el empedrado original de altísimas aceras y curiosos pasos de cebra, recorren todos los rincones de una ciudad en la que el tiempo se detuvo con la erupción del Vesubio. De hecho, unas de las cosas que más llaman la atención son las “escayolas” de los antiguos pompeyanos con la postura que tenían al morir (tumbados boca abajo o agazapados en una esquina tapandose nariz y boca para no respirar las cenizas).

Al día siguiente, tras regresar a nuestra querida Nápoles en un cercanias donde todas las estaciones eran como Pitis pero a la orilla del mar, y pasar la noche en un hostal cutre (a precio de hotel), dirigimos nuestros pasos a Ischia, la isla más grande del golfo napolitano, que a pesar de no ser tan bonita ni famosa como Capri es una autentica maravilla (además de una excusa perfecta para abandonar las calles grises de Gomorra).

El ferry, a 18€ andata e ritorno, te deja en una preciosa laguna marina natural que hace las veces de puerto. Desde allí las opciones son muchas y variadas, pero al ir cargados con las mochilas y tener solo 5 horas para visitar la isla, nos decidimos por la más sencilla de todas: paseito por la playa, recorrido por las calles blancas andaluzas de Ischia pueblo y visita al “castillo aragonés”, forataleza de la época de dominación española en un peñon escarpado espectacular (de esos que se te quitan las ganas de invadir solo con verlo de lejos).

La única pega que se le puede poner a la isla es que, al ser un destino menos turístico que Pompeya o Capri (excursiones fijas en la parada de los cruceros), hay muchos más napolitanos. Especialmente destacable es la elevada presencia de jóvenes autóctonos que aprovechan unos días de vacaciones para irse de fiesta a Ischia. Sin embargo, sus intenciones en la isla son lúdicas y no dan tanto miedo como los de tierra firme, aunque eso sí, comparten los mismo rasgos que les hacen facilmente indentificables: ellos son pequeños Cristianos Ronaldos (morenos, pelo pincho cuidadosamente engominado y pendiente) y ellas son obesas, gordas siendo generosos, y hacen gala de su redondez (talla 100 de pecho includida) sin ningun rubor.

Con la caida del sol y de vuelta al puerto de Nápoles, corrimos a la estación para coger el tren Circumvesubiano hacía Sorrento y poner fin a nuestra aventura napolitana. A esas alturas, nuestro viaje al Sur había mejorado mucho gracias a las excusiones fuera de la ciudad, pero en la peninsula sorrentina iba a dar un salto de calidad espectacular…

El golfo de Nápoles Viernes, abr 17 2009 

Excursiones por el Sur

El jueves llegamos de nuestro intenso viaje al Sur y, aunque parezca mentira, llevamos dos días descansando para recuperarnos de las vacaciones. Han sido cinco días de mucho ajetreo, de levantarse pronto, de dormir poco y,  sobre todo, de ir de un lado a otro, sin parar y en todos los medios de transporte imaginables (tren, bus, barco, coche…).

Todo comenzó el pasado sábado a las 10.30, estación Rifredi-Firenze. Cinco animosos jovenzuelos (servidores Alberto y Blanca, más el trío BCNYC) con un pase Interrrail de 4 días subían a un tren para un viaje en el que se las prometían muy felices, pero que desde el primer momento empezó con mal pie. Ni un solo asiento libre y cinco horas y media de trayecto por delante. Con el paso de las paradas conseguimos asientos dispersos por el vagón, pero la primera hora la pasamos sentados en el pasillo como unos tristes…

A las 16.00 llegabamos a Nápoles, nuestro destino y teórico campamento base desde el cual movernos por la zona. Tres noches reservadas en un apartamento para cuatro (la idea era colar a uno y repartirse los gastos entre todos)… que al final resultó no existir, o al menos tener una historía muy, muy extraña detrás. En la puerta del edificio donde presuntamente estaba el Bed&Bed Napoli no había ningún cartel identificativo y los diferentes vecinos con los que logramos hablar actuaban muy raro, como atemorizados, negando saber nada o contando solo una parte de lo que realmente conocían. Insistimos, muy, muy sospechoso. Como si el propietario se tratase de un miembro de la Camorra o, por contra, de un amenazado por la propia mafía…

Superado el shock inicial y la estafa de 25€ que acababamos de sufrir (10% que pagamos por adelantado), nos dirigimos al centro de la ciudad para encontrarnos con Irene, amiga barcelonesa de Alejandra y Tatiana, y su novio Mauro, napolitano, con una casa increible para acogernos (probablemente nos salvó el viaje, ya que en pleno fin de semana de Pascua era imposible encontrar ningún alojamiento).

De camino a este encuentro salvador pudimos empaparnos un poco de lo que viene siendo la anarquica ciudad de Nápoles, tan sucia, masificada y peculiar como la pintan y valedora de la mala fama que la precede. Sábanas y ropas colgando por doquier en los balcones, fachadas desconchadas, familias de 3 y 4 miembros (bebés incluidos) en una misma Vespa, comercios en mitad de las aceras… y toda la población en la calle, haciendo gala de la agresividad que les caracteriza, tanto en la conducción, como en la manera de tratar al forastero (el acento napolitano, además, es incomprensible y actua de mecanismo de cierre al exterior). En definitiva, una ciudad borde e insegura, pero con un puntito entrañable que debe ser lo que la mantiene a flote, junto a su impresionante puerto marítimo y su inmejorable situación estratégica para visitar el espectacular Suroeste de Italia.

Solo un par de datos bastan para hacerse una idea. Nápoles es la ciudad europea con mayor número de robos a mano armada, hay obras que llevan paradas 20 años, existen barrios a los que solo se puede (o debe) entrar en compañia de alguién autoctono… En definitiva, se podría decir que es como La Habana o Rio de Janeiro, solo que aquí ni siquiera se han esforzado en pintar los edificios de colores chillones para disimular la suciedad.

Para no dejar tan mal a la ciudad, cabe destacar la gran oferta de ocio nocturno que propone, con calles de bares llenas de gente (cosa que no se ve en Florencia, Roma ni Milan), aunque de camino a ellas se pase por delante de algún que otro escaparate con agujeros de bala de sospechoso cerco color rojo… Como anectdota divertida y demostración de la ausencia total de ley que hay en sus calles, nos contaron que cuando la policía para a una moto con exceso de ocupantes, estos le responden, sin ningún sonrojo, que van tres personas ¡porque está prohibido ir dos!

Semana Santa Sábado, abr 11 2009 

Pizarra nevera

Feliz Semana Santa a todos, o Buona Pasqua como se dice por aquí. Esperamos que lo hayais pasado bien en estos días festivos que habeis tenido (y que se han notado en el descenso de número de visitas del blog). Una lástima que ya se acabe lo bueno, pero que nadie se preocupe que nosotros ya disfrutamos en vuestro lugar.

Como tantas y tantas cosas inexplicables de la sociedad y la universidad italiana, nuestra “pausa pasquale” no ha sido esta semana, sino que es la siguiente, con lo cual nos esperan unas grandes vacaciones que vamos a aprovechar para conocer el Sur de Italia, como bien se puede comprobar en la foto de nuestra flamante pizarra de nevera (con tizas y todo).

Como somos erasmus nos apretaremos el cinturón, viajaremos en trenes regionales (más baratos todavía con el pase interrail de 4 días que nos hemos comprado) y dormiremos cinco personas en un apartamento B&B para cuatro, a la espera de que no nos pillen en recepción.

Esto significa que hasta el jueves aparcamos la actividad del blog, pero lo compensaremos con fotos y anecdotas de nuestra ruta por Nápoles-Ischia-Pompeya-Capri-Sorrento-Salerno. No nos envidies mucho, que al fin y al cabo este también es vuestro viaje, o al menos el de todos aquellos que pagan impuestos  para que estudiantes ociosos como nosotros puedan darse a la buena vida más allá de los confines del Reino de España.

Pisa más fuerte ;) Martes, mar 24 2009 

Pisa

Ya iba tocando una escapadita por la Toscana. Manejábamos las opciones de Siena, Lucca y Arezzo, pero al final nos “inclinamos”…

Pisa es una ciudad pequeña, agradable para pasear y con un atractivo turístico por encima de todos los demás (si es que acaso tiene otro). La torre, y por consiguiente, el Duomo y el Baptisterio que la acompañan son todo lo que mucha gente ve de la ciudad. Se bajan del autobus en el aparcamiento de buses turísticos, se hacen la foto típica sujetando la torre y si te he visto no me acuerdo.

El tren es la otra forma de llegar a la ciudad y aunque la estación está a unos 20 minutos andando del monumento, el camino está más que señalizado, es peatonal (solo le faltan las baldosas amarillas) y como resulta lógico recorre las calles comerciales, y lo poco más que tiene que ofrecer la ciudad (el puente sobre el Arno, los palacios de la ribera, el ayuntameinto…).

De todas formas, los ¿pisanos? están más que acostumbrados y viven su vida con tranquilidad sin acercarse mucho al tumulto. Es como si hubiera dos ciudades, una para turistas, masificada, con tenderetes para guiris y restaurantes-pizzerias con precios abusivos; y otra para los lugareños, más tranquila y habitable.

Nuestra visita fue relampago, con ida y vuelta en el mismo dia (de 12.30 a 19.30), pero muy divertida. La piazza del Duomo da para un montón de fotos entre los edificios de marmol blanco y la enorme explanada de cesped. además, sentarse un rato en el verde y hacer el gamba sobre los pivotes y cadenas son dos actividades que, a pesar de lo que pueda parecer, hacen la visita mucho más graciosa.

Eso sí, no importa lo que haya detrás del objetivo, que nuestra pasión por la fotografía y los 2 gigas de tarjeta de memoria ya se encargan del resto. Nuevo viaje, nueva ciudad y 250 nuevas fotos en apenas siete horitas… La que colgamos es la única en la que salimos los cuatro viajeros (Alberto, Ale, Gabe y Blanca), pero las otras doscientas cuarenta y nueve no tienen desperdicio.

En resumén, Pisa mola, pero solo si uno vive cerca o pasa de camino. Que a nadie se le ocurra coger un avión para ver su torre inclinada, que junto al Coliseo, parece ser el símbolo de Italia para los extranjeros. Eso sí, si algún día os dejais caer por aquí, no dejeis de pasaros por el “Living Bar”, para jugar una partidita de pocha y comeros unas fresas con el capucchino. ¡Que mal vivimos!

Página siguiente »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.