
Cría fama y echate a dormir. Este refrán resume a la perfección lo que uno siente al visitar Milán. La capital de la moda, la ciudad más “europea” de toda Italia, la (en teoría) Barcelona italiana, es como un papel de regalo muy bonito pero sin nada dentro. Vamos, pura fachada y poca chicha.
En Milán todos son bastante chic. La mitad de la población viste traje con corbata y las tiendas de las mejores marcas deslumbran en las calles principales. De hecho, toda la ciudad (y sobre todo el centro) le recuerda a uno al Barrio de Salamanca. Y es que ese parece ser el principal atractivo de una ciudad, bastante intrascendente en casi todos los demás aspectos.
Obviamente tiene sus encantos, como el colosal Duomo de estilo gótico (tercera iglesia más grande del mundo trás el Vaticano y St. Paul de Londrés) o las selectas Galerias de Vittorio Enmanuel II (solo una ciudad tan pija como Milán podía tener como símbolo y lugar más original/representativo a un “centro comercial”). Ambas construcciones están en la misma plaza a escasos 20 metros entre sí, hecho que facilita y reduce el tiempo de visita a la ciudad. Nosotros estuvimos cinco horas y nos sobraron, por lo menos, tres.
Al otro lado de las Galerías se encuentra el que es el tercer lugar más conocido/visitado de la ciudad (aprovechándose del tirón de la cercanía los dos grandes monumentos milaneses): el Teatro della Scala… o lo que es lo mismo, el mayor engaño de la historia de la humanidad. Y es que el auditorio de ópera más grande y prestigioso del mundo tiene una fachada y un aspecto exterior más propio de una “casa de la cultura” de cualquier pueblo de más de 10.000 habitantes.
Por lo demás, también destacan, aunque siempre a un nivel inferior: el castillo Sforzesco (muy majo), la basílica de San Ambrosio (del s.IV), la pinacoteca de Brera, la estación central de tren (“joya” de la arquitectura fascista) o la iglesia de Santa Maria alle Grazie, donde se encuentra La Última Cena de Da Vinci, que puede ser visitada por el módico precio de 8 euros y siempre con reserva previa (y luego nos quejamos del cine).
En resumidas cuentas, Milán ofrece una imagen engañosa al mundo y más que gran capital de la modernidad y el multiculturalismo europeo, aparece como simple ciudad de paso en un viaje por el Norte de Italia. Una parada en la recomendamos no hacer noche, ya que se trata (probablemente) de la ciudad más cara de todo el país (y mira que Florencia nos tiene acostumbrados a un nivel muy alto). Además, sin los Beckham en el papel couchè, ni Kaka e Ibrahimovic en los albumes de cromos, ha perdido todavía más atractivo si cabe…















