Dando la lata Domingo, may 31 2009 

En el Ponte Vecchio

Nunca una visita fue tan bien recibida, a pesar de dar un poquillo la lata (que no el coñazo). Padres y padrinos llegaron con quesos y embutidos como para un regimiento y a lo largo de cuatro días nos “dieron de comer” gratis en algunos de los sitios más chulos de Florencia. Vamos, que nosotros poníamos la trattoria y ellos la pasta… Aunque una tarde ejercimos de dignos anfitriones y organizamos una estupenda cenita casera.

Sin embargo,  no solo de comida vive el hombre, y también alimentamos nuestra cultura con una visita mañanera a la estupenda Galleria degli Uffici y un tour por San Gimignano, Siena y Pisa.Un recorrido que, por muchas veces que se haga, siempre depara alguna sorpresa y más cuando se circula por pseudo-carreteras provinciales con indicaciones cuanto menos contradictorias (por decirlo de una forma suave) que uno no le desearía ni a su peor enemigo.

Pero si el viaje por el interior fue caótico, peor se puso la cosa cuando salimos a la “autoestrada” FI-PI-LI (después de tres cuartos de horas para encontrarla), donde nos topamos con un atasco por accidente de esos de apagar el motor y bajarse a estirar las piernas. Todo un espectaculo que terminó cuando nos hiceron cruzar la mediana de la carretera para camabiarnos al carril contrario, desde donde un amable señor nos guió de vuelta a Florencia.

También estuvieron a la altura los paseos por la ciudad (cortos pero intensos), los cafés, el aperitivo en el local más pijo de la ciudad, los helados, las compras para los cientos hijos, nietos, nueras, yernos, sobrinos… La verdad es que pare tratarse de una cuadrilla de la tercera edad que entraba gratis a todos los museos tirando de DNI, no estuvo nada mal. Eso sí, la benjamina del grupo, un espiritu libre donde los haya, no se conformaba con todo eso y a la hora de la siesta se hacía la joven montando en bici y paseando unos cuantos kilómetros por la estupenda colina que rodea Firenze.

En definitiva, unos grandes visitantes que, aunque fueron los primeros en no ser huespedes de nuestra humilde morada (por problemas de espacio) aportaron su granito de arena para hacer inolvidable nuestra experiencia erasmus. ¡Ci mancate! (se os echa de menos).

P.d. Blanca se guarda la invitación a la ópera para cuando volvamos a Madrid…

La cuadrilla

Los coinquilinos Jueves, may 21 2009 

Manolo y Pilar

Vivir dos personas en un piso para cuatro tiene sus ventajas. A la ya conocida de poder guardar las bicis y el carro de la compra en el salón sin problemas de espacio, hay que añadir el hecho de tener una habitación de invitados siempre dispuesta para acoger visitas.

Sin embargo, a veces las visitas te engañan, llegan días antes de lo previsto y se marchan después de la fecha señalada, dejando de ser simples visitantes y convirtiéndose a todos los efectos en compañeros de piso, como ocurrió con los arriba retratados Manolo y Pilar, padres de Blanca (que a diferencia de otros aún no dan tratamiento filial a hijos ajenos).

En una alto en el camino en su viaje a través de Italia decidieron pasarse por Florencia y damos fe que les debió de gustar, porque se quedaron ¡¡¡9 días!!! Y es que entre moscosos, canosos, 1º de Mayo, San Isidro y otras fiestas de guardar, empalmaron dos semanas largas de vacaciones para conocer la Península Itálica en profundidad: Roma, Firenze, San Gimignano, Siena, Perugia, Arezzo, Pisa, Lucca, Venezia y Milán (incluyendo una parada técnica de 5 minutos en Bologna). Casi nada.

La verdad es que, bromas aparte, su estancia en casa fue casi una bendición. Dejando de lado el rol de “visita” y como si de inquilinos del piso se tratasen limpiaron (los fuegos a conciencia), fregaron, hicieron la compra y hasta nos cocinaron torillitas de patata y un buen guiso dominguero… aunque a Blanca la trajeran un poco de cabeza de vez en cuando. No se puede ser perfecto.

A pesar de ser unos visitantes incansables, creemos que se dejaron por ver un palazzo y dos iglesias (de las cien que puede haber en Florencia), pero bueno, así tienen un motivo por el que volver en un futuro. En el tema de las compras también arrasaron bastante, pero es que con mercadillo todos los días, bolsos de Valentino tirados de precio en cada esquina, rebajas del 50% en las tiendas de moda y con regalos pendientes de cumpleaños y de los días del padre y de la madre… Así se entiende que casi no les dejasen subir en el avión de vuelta por exceso de equipaje.

En definitiva, han sido unos grandes huéspedes y han dejado el listón muy alto para los venideros (desde ahora traer queso y embutido ibérico es una obligación). Así que desde aquí toca agradecerles la visita y reconocer que hasta, a veces,  se les echa de menos en el piso.

Los Esteba-Regules

Cuatro niñas y un electricista Miércoles, abr 8 2009 

Los cinco del Duomo

Esta gente, ahí donde la veis en el discreto montaje fotográfico sobre estas líneas (Blanca se ha ido a dormir y sin ella Photoshop no hace cosas bonitas…), han sido los guardianes del Duomo durante cinco días. Sí, sí, como suena. Cada 30 minutos se pasaban a echarle un ojo, no fuera a ser que se lo hubieran llevado. Lo han vigilado desde todos los ángulos y lugares posibles: desde fuera, desde dentro, por delante, por detrás, desde abajo, desde… bueno desde arriba no que subir a la cúpula vale 8 eurazos y no está la economía para muchas alegrías.

Pero no se han conformado sólo con eso. En su visita a Florencia han sido además una compañía estupenda y gracias al hombre del grupo el saldo de cosas rotas/arregladas no ha sido tan desastroso como podría haber sido.  Y es que si existe alguna persona capaz de darle el relevo generacional a McGyver, ese es Fer. Simplemente dale unas tijeras, un cuchillo, celo y el cable de una dinámo rota y te deja como nueva una lámpara inservible y repara el estropicio que causo cierta persona de pequeña estatura rompiendo la conexión del ordenador a la corriente.

Sin embargo, pese a los sustos que nos dan y la cantidad ingente de papel higíenico que gastan, recibir a amigos en “tu casa” siempre es una gran experiencia que hay que saber agradecer. La verdad es que la vida eramus está genial,pero las visitas la hacen todavía mejor (así que ya sabeis, lectores incondicionales, nuestra puerta siempre está abierta). No nos cansamos de enseñar Florencia a los nuevos visitantes y tampoco lo hacemos de coleccionar anecdotas de sus estancias (cortas, pero intensas).

Si primero fueron los roceños quienes trajeron a Carlos y Marta a nuestros altavoces, ahora han sido las niñas uerrejotaceriles quienes han continuado “dando la tabarra” con el Sr. Baute y la Sra. Sanchez. La verdad es que el intercambio de tendencias musicales siempre enriquece las culturas, así que esperamos que pronto retumbe en los 40 principales el estribillo de “Luca era gay”, tema de moda (y polémica) en Italia al que ya dedicaremos una entrada como se merece.

Por otra parte, y como novedad dentro del itinerario turístico, esta vez tocó rendir visita al “David” de Miguel Ángel, mucho más espectacular, en nuestra opinión (a pesar de tenerla pequeña y sin circuncidar), que la capilla Sixtina que el propio M.A. pintó en el Vaticano, quizás por estar menos masificado, más cercano al visitante (espacialmente hablando) y ser bástante más económico para el bolsillo en plena crisis. Además, al ser una escultura tan grande y tener (obviamente) tres dimensiones, siempre mejora mucho la impresión previa que se tiene por las fotos (cosa que también ocurre con La Piedad).

En definitiva, seguimos mejorando como anfitriones, y está vez incluso nos permitimos el lujo de acompañar a nuestros segundos huéspedes a Pisa, para ejercer de guías y pasar la mañana con ellos antes de que volvieran a España, vía Valencia, con algún que otro susto en forma de turbulencia…

¿Quién se anima a ser el siguiente?

Los primeros huéspedes Domingo, mar 29 2009 

Estos cuatro mozalbetes han inaugurado el casillero visitante en esta “Firenze experience”… y lo han hecho a lo grande. A pesar de contar con la importante baja por lesión del gran Cosano, salieron al terreno de juego fiorentino para darlo todo, y con este post queremos dejar constancia de ello.

Tras 12 horas de viaje (que se dice pronto) y una fugaz visita a la siempre “interesantísima” ciudad de Gerona, se plantarón en Florencia el jueves por la tarde con las cosas muy claras. Partir la pana en la noche florentina era su primer objetivo y el “Glamour” nos recibió con los brazos abiertos (y 2 consumiciones por 10 euros). Buena música, muchas fotos, camareros torpes que van de chulos por la vida y copas con un sabor más que discutible fueron el leitmotiv de esta primera toma de contacto nocturna con la ciudad.

Al día siguiente, y tras el merecido descanso del guerrero (que después 24 horas despiertos les hacía buena falta), salimos a catar los pocos rayos de sol que hubo en todo el finde y una de las pizzas más baratas que uno se puede comer en Firenze. El “tío de las chaquetas” sació nuestra sed y nuestro apetito por 5 euros, y al igual que el dueño del garito y el precio, la mesa donde nos sentaron tampoco tenía desperdicio. Una puerta de armario ni más ni menos (con sus cristales y todo).

Despúes, visita obligada por las calles y monumentos de la ciudad comiendo helado, donde el “Porcellino” nos dío una de cal y otra de arena, con Davirry consiguiendo un “hat-trick” impagable de monedas fuera de la alcantarilla… También hubo tiempo, como no podía ser de otra manera, para una sesión de saltos a los pies del falso David de Miguel Ángel (Montero), antes de volver a casa para preparar la primera fiesta que el apartamento nº12 del 136 de la Via del Campofiere ha tenido el honor de celebrar hasta la fecha.

Un kilo de pasta, tres tortillas de patatas y mucha cerveza fueron el menu de una cena para nada más y nada menos que 13 personas. Los platos de plástico (que no estamos preparados para tanto comensal) dieron paso a las copas, a los juegos y a las risas hasta las 6 de la mañana.

Fiesta en casa

Después de ver amanecer resultaba obvio que el día siguiente no iba a ser el más productivo de la historia, y los pronosticos no tardaron en cumplirse. La luz de la mañana del sábado no pasó por las persianas electricas de nuestro “bunquer”, y aunque la tarde lluviosa no animaba a muchos trotes, salimos a la calle para dar buena cuenta de una merienda a base de pizzas al peso que un anciano pizzero tardó años en servirnos.

Como el cielo no quiso darnos un respiro y todas las actividades culturales a cubierto estaban cerradas, nos refugiamos en el Rex, un local muy pintón, con aires de prostíbulo-cabaret y un elefante hinchable sobre la barra. Cervezas a cinco euros y cocktails (solo aptos para gargantas recias) a siete, no hacen de este sitio un lugar muy económico para el bolsillo eramus, asique regresamos a casa con la intención de cenar y ducharnos rapidito para volver a la carga, pero la modorra pudo con nosotros y acabamos cambiando la hora (de 2.00 a 3.00) sin haber salido aun de casa.

Sin embargo, no quisimos desperdiciar la madrugada y a sabiendas de que todo iba a estar cerrado a esas alturas cogimos las bicis (las dos ya conocidas y una nueva adquisición) y montados de dos en dos nos acercamos al centro para confirmar nuestras sospechas. No encontramos nada (gratis y/o digno) abierto, pero la excursión sobre dos ruedas y las salchipapas que nos esperaron al volver merecieron la pena.

Ya el domingo, con poco tiempo y fuerzas para hacer mucho más (y un clima que seguía sin acompañar), comimos en un sitio de brunch que no cumplió con las espectativas que habiamos creado en nuestros invitados y nos dirigimos a la estación para despedir a los cuatro valientes que han abierto el turno de visitas a nuestra “nueva casa”.

Valientes porque salían de Florencia a las 16.00 en un autobus rumbo al aeropuerto de Pisa para coger un avión que les dejase en Valencia a las 21.00, donde todavía no tenían billete de ningún tipo para llegar hasta Madrid… y hasta ahí es donde sabemos. En teoría tienen que haber cogido un bus a las 23.00 que les dejase en Mendez Alvaro a las 3.00, confiando en que alguien les vaya a recoger en coche…

¿Quien dijo que Phileas Fog (Willy para los amigos) estaba loco?

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