
Nunca una visita fue tan bien recibida, a pesar de dar un poquillo la lata (que no el coñazo). Padres y padrinos llegaron con quesos y embutidos como para un regimiento y a lo largo de cuatro días nos “dieron de comer” gratis en algunos de los sitios más chulos de Florencia. Vamos, que nosotros poníamos la trattoria y ellos la pasta… Aunque una tarde ejercimos de dignos anfitriones y organizamos una estupenda cenita casera.
Sin embargo, no solo de comida vive el hombre, y también alimentamos nuestra cultura con una visita mañanera a la estupenda Galleria degli Uffici y un tour por San Gimignano, Siena y Pisa.Un recorrido que, por muchas veces que se haga, siempre depara alguna sorpresa y más cuando se circula por pseudo-carreteras provinciales con indicaciones cuanto menos contradictorias (por decirlo de una forma suave) que uno no le desearía ni a su peor enemigo.
Pero si el viaje por el interior fue caótico, peor se puso la cosa cuando salimos a la “autoestrada” FI-PI-LI (después de tres cuartos de horas para encontrarla), donde nos topamos con un atasco por accidente de esos de apagar el motor y bajarse a estirar las piernas. Todo un espectaculo que terminó cuando nos hiceron cruzar la mediana de la carretera para camabiarnos al carril contrario, desde donde un amable señor nos guió de vuelta a Florencia.
También estuvieron a la altura los paseos por la ciudad (cortos pero intensos), los cafés, el aperitivo en el local más pijo de la ciudad, los helados, las compras para los cientos hijos, nietos, nueras, yernos, sobrinos… La verdad es que pare tratarse de una cuadrilla de la tercera edad que entraba gratis a todos los museos tirando de DNI, no estuvo nada mal. Eso sí, la benjamina del grupo, un espiritu libre donde los haya, no se conformaba con todo eso y a la hora de la siesta se hacía la joven montando en bici y paseando unos cuantos kilómetros por la estupenda colina que rodea Firenze.
En definitiva, unos grandes visitantes que, aunque fueron los primeros en no ser huespedes de nuestra humilde morada (por problemas de espacio) aportaron su granito de arena para hacer inolvidable nuestra experiencia erasmus. ¡Ci mancate! (se os echa de menos).
P.d. Blanca se guarda la invitación a la ópera para cuando volvamos a Madrid…








